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Todas esas madrecitas que hemos tenido a través de los innumerables nacimientos, parece como si definitivamente se nos hubieran perdido en el tiempo, mas en verdad, todas ellas son la misma expresión de la Gran Madre Cósmica
Samael Aun Weor
El concepto aquél de que sólo los hombres pueden llegar a la Cristificación, resulta falso, porque Dios es mujer también. En nombre de la verdad he de decir, en forma enfática, que si Dios resplandece a través de las "Cleopatras" de las Isla Elefantina, que si Dios resplandece a través de las "Vestales" de Egipto y de Persia y de Grecia y de Roma y de Siracusa, también resplandece gloriosamente a través de las mujeres de cada tiempo y de cada época, y a través de la madre que arrulla al hijo en sus brazos... Así que, en nombre de la verdad he de decir, que la mujer tiene los mismos derechos que el varón. El varón nunca es más que la mujer, aunque pretenda serlo.
El Principio Femenino Universal resplandece en cada piedra, en el lecho cantarín de cada arroyuelo, en la montaña deliciosa llena de árboles, en toda la Naturaleza... Resplandece el principio femenino en toda obra: en el ave que vuela taciturna, que regresa a su nido para arrullar a sus hijos; en el pez que se desliza entre las profundidades del borrascoso Ponto, entre las fieras más terribles de la Naturaleza.
El Principio Femenino Universal..., el Eterno Femenino, brilla entre los luceros más lejanos que anidan en el corazón de toda mujer que ha resplandecido con la disolución del "Ego" y la Cristificación.
Así que, en nombre de la verdad, no podemos menos que sentir admiración ante el Eterno Femenino... Osiris, desdoblado, convertido en mujer, anida con su amor en el corazón del sistema solar. El Eterno Femenino es el asiento de donde surge toda vida en el amanecer de la Aurora del Mahamvantara. El Logos hace fecunda la materia caótica, hace que resplandezca el vientre de la Virgen-Madre, del Eterno Femenino, para que surja de entre el caos, reluciente, el universo...
Así que, no hay motivos como para que las mujeres del Movimiento Gnóstico se sientan tristes o deprimidas, suponiendo que solamente sirven de vehículo a los hombres que quieren cristificarse. Realmente, ellas tienen el mismo derecho y llegan a las mismas alturas. Si la mujer es el vehículo para el hombre, mediante el cual éste último puede cristificarse, también he de decirles a ustedes, las hermanas gnósticas, que el hombre es el instrumento, el vehículo mediador, mediante el cual cada una de ustedes puede llegar a la Cristificación.
Las columnas "J" y "B" de todo templo, están presentes en el templo corazón. Las columnas masculina y femenina no están demasiado cerca, ni demasiado lejos; hay un espacio entre ambas para que la luz pueda penetrar en medio de ellas.
El Eterno Femenino resplandece no solamente en eso que no tiene nombre, no solamente en el Espíritu Universal de Vida, no solamente en las estrellas -que se atraen y repelen de acuerdo con la Ley de las Polaridades-, el Eterno Femenino resplandece también dentro del átomo, dentro de los iones, dentro de los electrones, dentro de los protones, en las partículas más infinitesimales de todo eso que vibra y palpita en la creación.
El Eterno Femenino hace compás maravilloso con el Eterno Masculino para crear y volver nuevamente a crear. El Eterno Femenino, Dios mismo convertido en Madre, labora intensivamente en esta creación. El Eterno Femenino es el rayo que despierta las conciencias adormecidas de los hombres.
El momento ha llegado en que cada mujer levante con su diestra la antorcha del verbo para iluminar el camino de los varones. Con profundo dolor he de decir: los varones de esta época marchan por la línea de la entropía, es decir, caminan en forma descendente, involutiva.
Ha llegado el momento en que las mujeres extiendan su diestra a los varones para levantarlos, para regenerarlos, para hacer de ellos algo distinto, algo diferente.
Ha llegado el instante en que las mujeres comprendan que el elemento masculino está en involución por estos tiempos; ha llegado el momento en que la mujer luche intensivamente por regenerar al hombre. Así, pues, que a las mujeres les corresponde en esta Era del Acuarius un gran papel, cual es el de regenerar al elemento masculino decadente.
En nombre de la verdad he de decir, que el amor es el fundamento de la Auto-realización íntima del Ser. Un matrimonio perfecto es la unión de dos seres, uno que ama más, otro que ama mejor. El amor es la mejor religión asequible a la especie humana. Para que haya amor se necesita que haya afinidad de pensamientos, afinidad de sentimientos, preocupaciones idénticas...
El beso viene a ser, precisamente, como una consagración mística de dos almas ávidas de expresar en forma sensible lo que interiormente viven. El acto sexual viene a ser la consubstancialización del amor en el realismo psicofisiológico de nuestra naturaleza.
Ciertamente, Dios-Madre es el fundamento de esta gran Creación. Nosotros debemos identificarnos cada vez más y más con el Eterno Femenino; debemos ver en cada mujer la representación viva de ese femenino eterno. Obviamente la mujer nace para una Santa Predestinación, la cual es la de ser madre. Hasta una niña es la representación del Eterno Femenino, cualquier doncella es una madre en potencia.
Textos de enseñanzas
del V.M. Samael Aun Weor